viernes, 27 de junio de 2008

Walter no salió en la foto...


Cada vez que lo veo me pongo de los nervios. Míralo, ahí en medio. Jodido Azteca. Me tapa un Adidas Azteca, el primer balón sintético que se usó en un Mundial. Llevo exactamente 22 años en ésta foto, detrás de ése montón de piel de mentira, en serio. Y los que me quedan.
Si te fijas bien, en la primera gradería, a la derecha del balón, hay tres tíos. Uno que va de azul, otro de blanco, y otro al que sólo se le ve la cabeza. Son mi padre, mi hermano y el cabezón de mi primo.
Están lejos, pero en el póster que tiene mi hermano de la foto en su habitación, se ven. Ellos si se ven. ¡Y tanto que se ven!
¡Por un asiento! Tan tonto como eso. Tan tonto como que el cámara hubiera sacado la misma foto desde un pelín más a la izquierda. O que Diós, que grande sós, hubiera extendido un pelín más el brazo, torcido un pelín más la mano. Odiaré y amaré ésta foto toda mi vida, con todas mis fuerzas.
Porque sí, porque aunque me tape un Azteca, yo también estoy.

jueves, 26 de junio de 2008

Juan no salió en la foto...


Pasó un miércoles, debían de ser las 11 de la mañana. Siempre recordaré ése momento. Y a Ángel. Fué como mi hermano mayor durante el tiempo que estuve con él en las milicias. Justo el día anterior había llegado al campamento Robert Capa, un fotógrafo húngaro que estaba haciendo un reportaje sobre la guerra Civil Española. Estuvo toda la tarde heciéndonos fotos. Nos dijo que quería captarnos tal y como éramos, que quería que el resto del mundo supiera lo que estaba pasando en España fotografiando la realidad de las milicias republicanas. Su entusiasmo nos conatgió y al día siguiente, le propusimos que nos acompañara al frente a hacer la patrulla. Fué uno de esos días en los que no sabes porqué, pero tienes la extraña sensación de que algo va a suceder.
Y así fué. Mientras estábamos andando, Capa se detuvo un momento en una de las colinas desde donde se divisaba parte del territorio ocupado por los nacionales.
Me miró y me dijo si podía posar con mi arma mirando hacia el horizonte. La verdad es que era una foto muy bonita. Pero entonces pasó. Se empezaron a escuchar disparos que venían de lejos. Y yo, instintivamente, me puse a correr. Justo en ése momento Àngel, que estaba viendo como Capa me hacía la foto, también se puso a correr. El único que se quedó donde estaba fue Capa, que captó justo el instante en el que Ángel pasaba por el lugar donde yo, segundos antes, había estado posando. Luego cogió la cámara y se puso a correr como todos.
Ya en el campamento, Capa dijo que creía haber fotografiado a Ángel siendo disparado, pero que no estaba muy seguro. Al cabo de pocos días se marchó a otro lugar del frente y siguió con su reportaje.
Años más tarde, por casualidad, vi las fotos del reportaje de Capa en un diario y entonces vi la foto, y vi a Ángel ahí, donde debería haber estado yo.